26.1.15

Defensa del Brecht lírico



Acabo de terminar de leer los Poemas y canciones de Bertolt Brecht (Alemania, 1898-1956), en una edición de bolsillo de Alianza del año 1975. Tenía el ejemplar desde hace un tiempo y aún no había encontrado el momento de leerlo, quizá por los recuerdos que despierta el hecho de que un día perteneció a mi padre y, años después de su muerte, llegó a mis manos gracias a una muy querida amiga de la familia, en cuya casa habitó el libro durante décadas, atendido y cuidado como el tesoro que es.
Quizá por la reciente muerte de mi abuelo, por ver también llorar a mi madre perdiendo a su padre y a mi abuela perdiendo a su compañero tras 64 años de matrimonio, he vuelto a pensar en la muerte de mi propio padre, y en cómo mi hermana y yo lloramos su pérdida y mi madre lloró la despedida definitiva del que fue su marido y único amor. Y entre recuerdo y lágrima, por fin una tarde tomé los Poemas y canciones y me dispuse a leerlo, acariciando las páginas como si pudiera reencontrarme en ellas con el hombre que en su juventud bebió de este libro y después lo prestó, llevado por la necesidad de compartir sus versos hermosos y comprometidos con el conocimiento de la esencia del ser humano.
En España, Bertolt Brecht es admirado como el gran dramaturgo que fue, cuyas obras y cuyas teorías revolucionaron la escena teatral en el siglo XX, pero es menos conocida su faceta de poeta, a pesar de que muchas de sus composiciones líricas se incluían en sus obras dramáticas y narrativas. En Poemas y canciones se recogen estas composiciones y otros poemas publicados en libros o revistas, constatando, en mi opinión, la absoluta autenticidad del Bertolt Brecht poeta.
En los poemas de Brecht confirmamos la diferenciación que nos recalca José Ángel Valente en su ensayo Literatura e ideología (incluido en Las palabras de la tribu) entre el objeto y el tema. Para las teorías líricas contemporáneas, herederas del paradigma romántico, el poema es revelación de una realidad oculta que solo puede conocerse a través del propio poema, y el objeto del poema es esa zona de realidad que el poema revela, mientras que el tema es su enunciado genérico, por lo que este es intencional y no determina la forma. El objeto del poema se impone; no se busca sino que se encuentra ya que, en una dialéctica con la forma, es la zona de realidad que la palabra inventa. Forma y contenido son, entonces, indivisibles: es en el punto en el que el poema nos dice algo que no puede ser dicho de otra manera en el que hallamos la esencia de la poesía.
Los temas de Bertolt Brecht se apoyan siempre en una ideología marxista subyacente y en una clara intención didáctica, acordes a las circunstancias sociopolíticas que él vivió, aunque esta intencionalidad queda en segundo plano cuando leemos versos que sitúan la poeticidad de las composiciones de Brecht por encima de cualquier intención pedagógica. Cuando el yo lírico nos dice “En mí combaten/ el entusiasmo por el manzano en flor/ y el horror por los discursos del pintor de brocha gorda./ Pero sólo esto último/ me impulsa a escribir.”, asistimos a esta batalla entre ideología y lenguaje, que en el autor se inclina siempre a favor del lenguaje, del lirismo, de la poeticidad, y verificamos esto al leer sus juveniles versos: “Y casi todos habéis amado el mundo/ si llegasteis a tener un palmo de esta tierra”; o aquellos ya más maduros: “(…) se curva el hombre construyendo la casa en que no ha de vivir.” Así, el objeto de los poemas de Brecht, esa zona de realidad que visibiliza la palabra poética, impera sobre los temas, sobre la ideología y la intencionalidad del autor, dando constancia de la autenticidad de su poesía, dado que no es el tema el que legitima la verdad del poema sino su objeto.
Por otro lado, a pesar de que Brecht defiende en su teatro épico un ejercicio de distanciamiento que ha de realizar el espectador gracias a las técnicas utilizadas en la escena, por las que se han evitar la identificación emocional con los personajes y el efecto catártico de la concepción aristotélica para dar paso a la reflexión intelectual y, de este modo, asimilar la realidad que la obra nos descubre, en su poesía se hace patente la contradicción de su propuesta cuando el autor apela directamente a la emoción en sus composiciones líricas, hecho que, sin embargo, no le resta validez a su teoría teatral. Nos golpea con elocuentes versos que nos muestran realidades terribles: “salen los asesinos./ Estrechando contra sí a los niños,/ las madres vigilan el cielo con terror/ a que aparezcan en él los descubrimientos de los sabios.” Pero Brecht cumplía también de este modo su propósito didáctico al utilizar los recursos literarios que dotan a sus obras de ese especial lirismo sobrecogedor porque, como bien sabemos hoy, el aprendizaje más hondo y sólido se produce siempre a través de nuestra memoria emocional.
Bertolt Brecht fue, además, un amante de los poetas clásicos, a los que no deja de hacer referencia en sus obras y, sobre todo, encontramos en su poesía la gran influencia de los poetas clásicos chinos, en los que predomina el lirismo esencial, la sintaxis minimalista y las imágenes plagadas de elementos naturales, así como las emociones contenidas y levemente sugeridas a través de metáforas sencillas de una profundidad y belleza impactantes, sin olvidar la crítica social que efectuaban en sus poemas, temática que a veces presuponemos tan contemporánea en el género lírico. Podríamos haber leído en palabras de los grandes poetas de la dinastía Tang, como Li Bai, Wang Wei, Tu Fu o Bai Juyi, poemas parecidos a los de la última etapa de Brecht, ya una etapa madura y más contemplativa, en la que encontramos pequeñas joyas como esta:

El jardín

Cerca del lago, entre álamos y abetos,
hay un jardín cercado en la espesura,
por mano tan experta cultivado
que está florido desde marzo a octubre.

Al alba allí me siento algunas veces,
que yo también quisiera,
con tiempo bueno o malo,
poder siempre ofrecer algo agradable.

Doy infinitas gracias a la amiga que me hizo llegar desde el otro lado del océano este gran librito para que yo pudiera sorprenderme y reconfortarme con su poesía de belleza sencilla y profunda, que nos revela un gran conocimiento de la naturaleza humana, desde una visión siempre reflexiva y transformadora: “¡Oh regar el jardín, vivificar lo verde! (…) Riega/ el césped fresco o seco./ Y refresca hasta el suelo desnudo.”

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