Acabo de
terminar de leer los Poemas y canciones de
Bertolt Brecht (Alemania, 1898-1956), en una edición de bolsillo de Alianza del
año 1975. Tenía el ejemplar desde hace un tiempo y aún no había encontrado el
momento de leerlo, quizá por los recuerdos que despierta el hecho de que un día
perteneció a mi padre y, años después de su muerte, llegó a mis manos gracias a
una muy querida amiga de la familia, en cuya casa habitó el libro durante
décadas, atendido y cuidado como el tesoro que es.
Quizá por la
reciente muerte de mi abuelo, por ver también llorar a mi madre perdiendo a su
padre y a mi abuela perdiendo a su compañero tras 64 años de matrimonio, he
vuelto a pensar en la muerte de mi propio padre, y en cómo mi hermana y yo
lloramos su pérdida y mi madre lloró la despedida definitiva del que fue su
marido y único amor. Y entre recuerdo y lágrima, por fin una tarde tomé los Poemas y canciones y me dispuse a
leerlo, acariciando las páginas como si pudiera reencontrarme en ellas con el
hombre que en su juventud bebió de este libro y después lo prestó, llevado por
la necesidad de compartir sus versos hermosos y comprometidos con el
conocimiento de la esencia del ser humano.
En España,
Bertolt Brecht es admirado como el gran dramaturgo que fue, cuyas obras y cuyas
teorías revolucionaron la escena teatral en el siglo XX, pero es menos conocida
su faceta de poeta, a pesar de que muchas de sus composiciones líricas se
incluían en sus obras dramáticas y narrativas. En Poemas y canciones se recogen estas composiciones y otros poemas
publicados en libros o revistas, constatando, en mi opinión, la absoluta autenticidad
del Bertolt Brecht poeta.
En los poemas
de Brecht confirmamos la diferenciación que nos recalca José Ángel Valente en su
ensayo Literatura e ideología
(incluido en Las palabras de la tribu)
entre el objeto y el tema. Para las teorías líricas
contemporáneas, herederas del paradigma romántico, el poema es revelación de
una realidad oculta que solo puede conocerse a través del propio poema, y el objeto
del poema es esa zona de realidad que el poema revela, mientras que el tema es su
enunciado genérico, por lo que este es intencional y no determina la forma. El
objeto del poema se impone; no se busca sino que se encuentra ya que, en una
dialéctica con la forma, es la zona de realidad que la palabra inventa. Forma y
contenido son, entonces, indivisibles: es en el punto en el que el poema nos
dice algo que no puede ser dicho de otra manera en el que hallamos la esencia
de la poesía.
Los temas de
Bertolt Brecht se apoyan siempre en una ideología marxista subyacente y en una
clara intención didáctica, acordes a las circunstancias sociopolíticas que él
vivió, aunque esta intencionalidad queda en segundo plano cuando leemos versos
que sitúan la poeticidad de las
composiciones de Brecht por encima de cualquier intención pedagógica. Cuando el
yo lírico nos dice “En mí combaten/ el entusiasmo por el
manzano en flor/ y el horror por los discursos del pintor de brocha gorda./
Pero sólo esto último/ me impulsa a escribir.”, asistimos a esta batalla
entre ideología y lenguaje, que en el autor se inclina siempre a favor del
lenguaje, del lirismo, de la poeticidad,
y verificamos esto al leer sus juveniles versos: “Y casi todos habéis amado el mundo/ si llegasteis a tener un palmo de
esta tierra”; o aquellos ya más maduros: “(…) se curva el hombre construyendo la casa en que no ha de vivir.”
Así, el objeto de los poemas de Brecht, esa zona de realidad que visibiliza la
palabra poética, impera sobre los temas, sobre la ideología y la
intencionalidad del autor, dando constancia de la autenticidad de su poesía,
dado que no es el tema el que legitima la verdad del poema sino su objeto.
Por otro lado,
a pesar de que Brecht defiende en su teatro
épico un ejercicio de distanciamiento que ha de realizar el espectador gracias
a las técnicas utilizadas en la escena, por las que se han evitar la
identificación emocional con los personajes y el efecto catártico de la
concepción aristotélica para dar paso a la reflexión intelectual y, de este
modo, asimilar la realidad que la obra nos descubre, en su poesía se hace
patente la contradicción de su propuesta cuando el autor apela directamente a
la emoción en sus composiciones líricas, hecho que, sin embargo, no le resta
validez a su teoría teatral. Nos golpea con elocuentes versos que nos muestran
realidades terribles: “salen los
asesinos./ Estrechando contra sí a los niños,/ las madres vigilan el cielo con
terror/ a que aparezcan en él los descubrimientos de los sabios.” Pero
Brecht cumplía también de este modo su propósito didáctico al utilizar los
recursos literarios que dotan a sus obras de ese especial lirismo sobrecogedor porque, como
bien sabemos hoy, el aprendizaje más hondo y sólido se produce siempre a través
de nuestra memoria emocional.
Bertolt Brecht fue,
además, un amante de los poetas clásicos, a los que no deja de hacer referencia
en sus obras y, sobre todo, encontramos en su poesía la gran influencia de los
poetas clásicos chinos, en los que predomina el lirismo esencial, la sintaxis
minimalista y las imágenes plagadas de elementos naturales, así como
las emociones contenidas y levemente sugeridas a través de metáforas sencillas
de una profundidad y belleza impactantes, sin olvidar la crítica social que
efectuaban en sus poemas, temática que a veces presuponemos tan contemporánea
en el género lírico. Podríamos haber leído en palabras de los grandes poetas de
la dinastía Tang, como Li Bai, Wang Wei, Tu Fu o Bai Juyi, poemas parecidos a
los de la última etapa de Brecht, ya una etapa madura y más contemplativa, en
la que encontramos pequeñas joyas como esta:
El jardín
Cerca del lago, entre álamos y
abetos,
hay un jardín cercado en la
espesura,
por mano tan experta cultivado
que está florido desde marzo a
octubre.
Al alba allí me siento algunas
veces,
que yo también quisiera,
con tiempo bueno o malo,
poder siempre ofrecer algo
agradable.
Doy infinitas gracias a la amiga que me hizo llegar desde el otro lado
del océano este gran librito para que yo pudiera sorprenderme y reconfortarme con
su poesía de belleza sencilla y profunda, que nos revela un gran conocimiento
de la naturaleza humana, desde una visión siempre reflexiva y transformadora: “¡Oh regar el jardín, vivificar lo verde!
(…) Riega/ el césped fresco o seco./ Y refresca hasta el suelo desnudo.”



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